Conceptualización visual, fotografía,curaduría: Mario Javier Bucheli R. Concepción y montaje:Béatriz Nates Cruz, Paula Velásquez López y María García Alonso

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Tempografía

Territorio y Parentesco

Alianzas por consanguineidad y afinidad

En Pensilvania, Samaná, La Dorada y Aguadas, municipios de la investigación TEMPO, se vienen reconstruyendo durante más de 15 años en medio del conflicto armado y de su tensa calma, variadas estrategias que incluyen modificaciones en las redes de parentesco, bien incorporando o revitalizando la relación con parientes consanguíneos (directos) y afines (parientes políticos), en el marco de lo que llamamos una territorialización de la memoria. Las alianzas consanguíneas se consideran como una red fundamental, multidimensional, fragmentada y posteriormente reconstruida, que crean prácticas en distintos niveles tanto organizativos como económicos, culturales y políticos,  a través de complejas categorías de tiempo: el “antes”, el “después” (que incluye un “durante” y un “ahora”) y el “para salir adelante”. El “Antes” es definido como la vida tradicional que adversa o no, era un “mundo mejor”. El “durante”, incluye al mismo tiempo las vivencias de la guerra y los primeros escenarios de postconflicto. Y el “para salir adelante”, refleja la esperanza de un país para ser vivido.

Convite realizado por parte de los estudiantes de la institución Pío XII en el corregimiento de Florencia (Samaná).


Fotografía: Mario Javier Bucheli R.,  agosto 2014

“El Antes”


Con familias nucleares y extensas definidas por la clásica composición cultural de padres, hijos, abuelos y/o tíos, con organizaciones sociales y productivas con relaciones tradicionales, entre las posibilitadas por el Estado (JAC) y las creadas en una producción doméstica y/o comercial en el sector agroganadero. Así mismo, era un tiempo en el que las poblaciones se adscribían a partidos políticos en rojo y azul, sin mayores trastornos de elección. No por ello la gente lo asume como un momento de buen vivir, aunque se piense así, en contraste con los períodos álgidos de violencia.




“El Después”


Que incluye al mismo tiempo un “durante” (la guerra) y un “ahora” (primeros escenarios de postconflicto). Este es el tiempo que combina la tensión y la tensa calma en un proceso inestable de apaciguamiento del miedo, en medio del cual, se deben elegir nuevos colores de partidos con nuevos sentidos y fuerzas itinerantes; aceptar la recomposición familiar con abuelos y nietos, tíos, madres y sobrinos, madre e hijos, o todas las formas consanguíneas posibles dando legitimidad a las nuevas familias recompuestas, y dando por cancelado cualquier medio de organización social y/o productivo que no estuviera aceptado por los nuevos instrumentalizadores del poder político local.



“Un para salir adelante”


El postconflicto: la esperanza donde se sitúa la apuesta por seguir adelante, por “organizar la casa desde dentro”. Estas poblaciones locales han asumido el reto de la vida, pero incorporando que se acelera el ritmo para conformar organizaciones sostenibles y de autogestión, y que en ello, es evidente la emergencia de diversas formas de identificación campesina y política. Estas nuevas formas de identificación (organizaciones de víctimas, desplazados, retornados con ayuda del Estado y sin ayuda del Estado…) vinculadas por sangre o por afinidad, dan origen a nodos de solidaridad y asociación local, que en situaciones como las que se han vivido en estos escenarios, van más allá de lo familiar y se vinculan a redes sociales más amplias en el orden nacional.                        








La restitución simbólica en escenarios de postconflicto, desde un análisis de territorio y parentesco, exige el reconocimiento político de la representación de las distintas alianzas parentales (familia, de organización social, de partido político) y su anclaje territorial con el desarrollo local y regional. No basta sólo con querer volver: aquí y ahora el Estado y el fortalecimiento de las organizaciones sociales tienen la palabra.